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jueves, 29 de julio de 2010

Y Rouco ¿qué opina de los toros?

Estoy esperando que opina Rouco sobre los toros para formarme una opinión. Y es que algo que atañe a la moral y a las raices de España ña no es lo mismo sin la luz de la palabra de Rouco.

Y es que esto es un lío.

Parece ser que Pío V, Papa (con P mayúscula), el 1 de noviembre de 1567 promulga una Bula (De Salute Gregis –Sobre la Salvación de la Grey) que dice sobre las corridas (de toros) “Considerando Nos, despacio, lo muy opuesto de tales exhibiciones a la piedad y caridad cristianas, y deseando que estos espectáculos, tan torpes y cruentos, más de demonios que de hombres, queden abolidos en los pueblos cristianos, prohibimos bajo pena de excomunión –ipso facto- a todos sus príncipes, cualquiera que fuera su dignidad, eclesiástica o laical, imperial o regia, que permitan estas fiestas de toros”.

La prohibición de Pío V llegó a tal extremo que ordenaba que “si alguno muriera en el coso, quedara sin sepultura eclesiástica”. En aquella Bula el papa prohibía igualmente a “todos” los clérigos, bajo pena de excomunión, presenciar este “espectáculo”. Pero como muchas de aquellas corridas se celebraban con motivo de las fiestas de los santos, el papa anuló todas las obligaciones y votos de “correr toros” hechas en honor de los santos patronos del lugar.

Parece ser que en España ña, Felipe II pasó de la bula. Las Cortes quisieron prohibir los toros (no debían de tener las raices españolas muy puestas), pero Felipe II, en contra de la opinón del Papa (ay Dios mío) y de las Cortes, dijo que no, que “en cuanto del correr de los dichos toros, esto es una antigua y muy general costumbre en estos nuestros reinos, y para quitarla será menester más mirar en ello, y así por ahora no conviene se haga nada”.

Felipe II, además, consiguió que Gregorio XIII (otro Papa con P mayúscula), expidiera otra Bula (la Exponi nobis) en la que anulaba las penas y castigos de la Salute Gregis. Sólo se mantuvo la prohibición de asistir a los clérigos y que se celebrasen en las fiestas patronales o litúrgicas. ¡Coño, las fiestas de los pueblos sin toros! Los Papas estos seguro que eran catalanes.

Pero a los curas seguían gustándoles las corridas (vale, ya no hago el chiste), y otro Papa, Sixto V, decidió promulgar una Constitución Apostólica, (la Nuper siquidem), dirigida al obispo de Salamanca, Jerónimo Manrique, facultándole para impedir aquellas enseñanzas y prohibir a sus curas asistir a las corridas, “castigando a los inobedientes de cualquier clase y condición con censuras eclesiásticas y con multas pecuniarias, acudiendo si preciso fuera al brazo secular”.

Para redondear esto, para fray Francisco de Alcocer en su Tratado del Juego (1559), las corridas constituían un ejercicio “de gentiles más que de cristianos, inhumano y diabólico, que se debe desterrar de las repúblicas cristianas”.

Y a partir de ahí, debates teológicos sin parar. Total, que estoy hecho un lío. No sé que pensar y, por eso, pido a Rouco, por favor, que me ilumine en este trance.

PD. Cosas como estas y muchas más las podéis leer en un artículo de Rafael Plaza en Diario Crítico

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