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lunes, 20 de junio de 2011

Escuchar ¿a quién?

Ayer cientos de miles de españoles/as se manifestaron. Independientemente de la cifra, me parece importantísima una movilización ciudadana que pone la política en el centro del debate. Y más aún cuando las denuncias y propuestas se están haciendo desde una perspectiva de izquierdas, poniendo al ciudadano/a, al trabajador/a, al estudiante, al pensionista, como auténticos ejes de la acción política.

Yo, y creo que la inmensa mayoría de los/las socialistas, estamos de acuerdo con la mayor parte de las denuncias y reivindicaciones que se hacen. Se pedían muchas cosas, pero entre ellas destaca la petición de escuchar a la ciudadanía.

Esta petición, completamente lógica, la estamos haciendo continuamente. En la elaboración de nuestros programas electorales tratamos de plasmar, desde nuestros principios, la voluntad de la ciudadanía. Y aclaro que desde nuestros principios porque, por ejemplo, aunque se manifiesten un millón de personas contra el aborto, nosotros mantenemos el principio del derecho de la mujer a decidir. Y desde nuestros principios también, y en este caso con el apoyo de la ciudadanía en la calle, se plasmó nuestra voluntad de no participar en ninguna acción militar que no tuviera el expreso mandato de la ONU. Son dos ejemplos en los que, ante "la voz de la ciudadanía expresada en la calle", los socialistas hemos actuado de forma diferente, y en ambos, a mi entender, hemos acertado.

Por tanto, aunque es cierto que siempre se escucha "la voz de la ciudadanía expresada en la calle", también es cierto que nuestro programa no siempre refleja esa voz.

A esta situación hay que sumarle que la ciudadanía se expresa también, de forma muy mayoritaria, a través de las urnas. Y la ciudadanía se ha expresado hace apenas veinte días. ¿Qué es lo que ha dicho la ciudadanía? Pues de forma muy clara y rotunda ha dicho que quiere que le gobierne el PP, la derecha. El supuesto alejamiento de los políticos no se ha producido, ya que la abstención ha sido la misma que en otros procesos electorales. No ha habido pues un alejamiento hacia los políticos, sino un acercamiento mayoritario hacia los políticos de la derecha, hacia los programas electorales de la derecha. Y esto también hay que escucharlo.

Si como han pretendido muchos, con el apoyo de todos los medios de comunicación, estas elecciones había que leerlas en clave nacional, ¿qué es lo que ha dicho la ciudadanía?. Pues ha dicho que, como dice la derecha, las reformas laborales y las de la negociación colectiva, por poner los dos ejemplos más claros, se han quedado cortas, y que hay que primar más la voluntad de los empresarios sobre la de los trabajadores porque son los empresarios los que crean empleo. Y la ciudadanía también ha dicho, como dice Rajoy, que hay que volver al modelo económico de 1996, basado en su Ley del Suelo y la construcción masiva, que han sido las causantes de la burbuja inmobiliaria. Y la ciudadanía también ha dicho, como decía el PP cuando gobernaba, que el sistema de pensiones tiene fecha de caducidad y que tenemos que ir pensando todos/as en los sistemas privados de pensiones.

Esto es lo que ha dicho la ciudadanía en clave nacional. Y ha dicho también que los que se oponían desde la izquierda a las reformas socialistas, IU, BNG o ERC, suban de una forma casi inapreciable en unos casos, o se despeñen definitivamente en otros. Desde luego que se escucha lo que se dice, pero haré todo lo posible porque mi partido, el PSOE, no haga ni caso a lo que la ciudadanía ha dicho en las urnas y mantenga sus principios.

Si tomamos las elecciones en clave local y autonómico, la ciudadanía también se ha expresado claramente. Veamos Castilla-La Mancha. Allí llevan muchos años en los que el gobierno socialista obliga a los diputados autonómicos a hacer la declaraciones públicas de bienes, patrimonio e ingresos. Mª Dolores de Cospedal, candidata del PP y nueva Presidenta de Castilla-La Mancha, ha mentido en tres ocasiones en esa declaración. ¿Qué han dicho la ciudadanía de Castilla-La Mancha? Pues ha dicho que prefieren a la Presidenta que ha mentido en tres ocasiones en su declaración que al Presidente que impuso la obligatoriedad de hacer esa declaración. En la calle se apoya la trasparencia impulsada por el PSOE, y en las urnas, esa misma ciudadanía, apoya la sinvergonzonería. ¿Escuchamos? Claro que sí, y mantendremos nuestro principio de que nuestros líderes sean de lo más transparentes posibles.

Y también he escuchado lo que ha dicho la ciudadanía en Extremadura. Y aquí he debido de oir mal, porque había entendido que los extremeños querían un gobierno de coalición de izquierdas, y resulta que lo que han dicho es que quieren que gobierne la derecha. Incluso creía que IU era un partido de izquierdas y resulta que es la marca roja de la derecha. Reconozco que aquí tengo un problema para escuchar lo que quiere la ciudadanía. Incluso reconozco que no debí de entender bien la frase de Cayo Lara, repetida una y mil veces, de que "ni por activa ni por pasiva permitiremos que gobierne el PP".

En el plano local, yo siempre he presumido de ayuntamientos como los de Albacete, San Sebastián o Leganés, entre otros muchos, con presupuestos participativos. Quitando el tema de San Sebastián que no podré entender jamás por más que escuche a la ciudadanía, en los otros ayuntamientos la ciudadanía ha dicho que quiere que gobierne el PP. En la calle, la ciudadanía dice que quiere que se aumente la participación ciudadana en la toma de decisiones, y en las urnas esa misma ciudadanía castiga a aquellos que fomentan esa participación.

En resumen, hay que escuchar, y escuchamos, a "la voz de la ciudadanía expresada en la calle", cuando dice que no quieren el aborto, o cuando dice que no quiere la asignatura de Educación para la Ciudadanía, o cuando dice que quiere que la enseñanza de la religión sea obligatoria. También hay que escuchar, y escuchamos, a "la voz de la ciudadanía expresada en la calle" cuando dice que quiere más participación ciudadana, más trasparencia, más escucha activa. Y también hay que escuchar, y escuchamos, a "la voz de la ciudadanía expresada en las urnas", cuando dice que quiere una reforma laboral o de la negociación colectiva mucho más duras y con protagonismo de los empresarios, y cuando dice que busquemos un seguro de pensiones privado, y cuando dice que quiere otra burbuja inmobiliaria, y cuando dice que prefiere a una Presidenta que engaña en su declaración pública a un Presidente que obliga a declarar, y cuando dice que no quiere que les gobiernen aquellos que han llevado los presupuestos participativos a los ayuntamientos.

Hay que escuchar y escuchamos a la ciudadanía, ya se exprese en la calle o en las urnas, pero sería conveniente que ambas expresiones coincidieran para poder escuchar con mayor claridad. En cualquier caso, siempre estarán los principios por encima de todo, unos principios que nos obligan a rechazar categóricamente algunas propuestas de la calle, como la penalización del aborto, unos principios que nos obligan agradecer el apoyo de la calle a nuestras iniciativas en transparencia o participación, y unos principios que nos obligan a escuchar y no olvidar nunca que, como dijo ayer la calle, nuestra prioridad deben ser siempre los más desfavorecidos.