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domingo, 19 de abril de 2009

La oportunidad de cooeducar

"Hace pocos días leía en un diario de tirada nacional la carta de un escolar de Cantabria. Era alumno de un colegio privado de chicos. Y no entendía que se denegasen subvenciones a su centro por razones de discriminación. Es más, no consideraba el hecho de excluir a las chicas como un acto discriminatorio. Y de alguna manera lo asociaba a la existencia de servicios para ambos sexos en bares u otros lugares públicos. Además, argumentaba, ¿No tenemos tiempo de estar y relacionarnos con chicas por las tardes o en vacaciones?.

A este chico no van a llegarle mis reflexiones, pero, si fuera posible, comenzaría preguntándole por qué si es positiva la convivencia mixta en el ocio no lo es también en la escuela.

Pero en este momento, en que la política educativa de la CAM no tiene empacho en fomentar, en detrimento de la enseñanza pública, la creación de centros concertados donde se separa a los alumnos y alumnas por razón de sexo, me parece importante hacer pensar a la ciudadanía en la
oportunidad, insustituible, de educar para la convivencia y en igualdad que ofrece la enseñanza mixta.

Y también comentar que la separación de servicios no es un elemento en absoluto comparable, como venía decir el joven cántabro. Porque si bien es cierto que, cuando dichas instalaciones reúnen las condiciones adecuadas de privacidad, seguridad e higiene, pueden ser también perfectamente mixtas, no lo es menos que responden a diferencias fisiológicas que se traducen en funciones íntimas diferentes, lo que no conlleva en si merma alguna de la equivalencia, que es el sustrato fundamental de la igualdad entre ambos sexos.

Pero si bien esta comparación nos conduce a determinadas conclusiones, lo que en modo alguno se justifica es la segregación de chicos y chicas en las aulas, porque se desperdicia una oportunidad única e imprescindible de coeducar, y en un importante período de socialización y desarrollo de la personalidad humana.

El contacto de niños y niñas, de adolescentes de distinto sexo no se produce de igual manera en el ocio y en la escuela. Ni siquiera es comparable la convivencia en el seno de la familia, con ser también un medio imprescindible en la formación adecuada de la personalidad humana. Pero tanto en el ocio como en la familia pueden reproducirse roles tradicionales de dominio y sumisión. Y en el primero, los comportamientos no acontecen a instancia de otra influencia que no sea la que, cada sujeto, lleva en sus códigos personales, que puede ser muy diferente no solo según la genética, sino también en función de cómo haya vivido o haya sido educado.

La vieja idea de separación de sexos responde, en gran medida, a la arcaica visión de la mujer como elemento perturbador, como Eva tentadora, que desestabiliza a los hombres adolescentes en momentos hormonalmente complicados.

Cierto que también se maneja el criterio a la inversa para mantener colegios femeninos, con el matiz protector de preservar a las niñas de las acometidas agresivas de los varones.

Pero lo cierto es que precisamente conviviendo y compartiendo aula es cuando se tiene ocasión de educar encauzando debidamente la naturaleza.

Es el momento de la educación sexual, que por prejuicios ignorancia o cobardía ha quedado tan desatendida. Con las graves consecuencias que acarrea, como los embarazos y consecuentes abortos que se dan en adolescentes.

En el aula se comparte el mismo trabajo, se persiguen los mismos objetivos y ambos sexos descubren las mutuas capacidades y tienen la ocasión de ser compañeros, de trabajar en equipo y de mirarse a través de otro prisma que no sea el de género. Por ello es una ocasión imprescindible para coeducar. Y la coeducación es un elemento decisivo en la formación de generaciones que habrán de ajustar sus conductas, relaciones sociales y laborales, además de la afectividad, a una situación en la que las mujeres desempeñan roles nuevos y equivalentes a los del otro sexo.

Por lo demás, quienes defienden un modelo de educación separada en función del sexo, convencidos de que el factor de tensión sexual estará neutralizado, desconocen o pretenden ignorar que la heterosexualidad no es el único campo donde hierven las hormonas."

María Jesús González.

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